IA en la educación: diez procesos antes de la tecnología

IA en la educación: diez procesos antes de la tecnología. La posibilidad de obtener en segundos una síntesis, un argumento o una interpretación plantea un nuevo desafío para la educación: distinguir entre recibir una respuesta y desarrollar las habilidades necesarias para construirla. Frente a este escenario, la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) requiere definir no solo qué acciones pueden delegarse a estas herramientas, sino cómo integrarlas sin perder de vista los procesos que sostienen el aprendizaje.

 

“No necesitamos proteger a nuestros jóvenes de la Inteligencia Artificial. Necesitamos formarlos para vivir con ella sin renunciar a pensar por sí mismos”, señaló Ruiz-Godoy.

 

Judith Ruiz-Godoy, decana de la Escuela de Humanidades y Educación del Tec de Monterrey, subraya la importancia de preservar espacios para que niñas, niños y jóvenes desarrollen por sí mismos las capacidades que forman parte de su entorno educativo, antes de apoyarse en la tecnología para resolver determinadas tareas.

 

A partir de esta premisa, la decana propone diez procesos formativos que pueden servir como mapa para iniciar esta conversación:

 

  1. Formular preguntas y problemas. Antes de encontrar respuestas, necesitamos aprender a reconocer qué merece ser preguntado, delimitar un problema e identificar sus supuestos.
  2. Leer con atención y profundidad. Leer no es solamente extraer información. Es aprender a sostener la atención, comprender, inferir, reconocer matices y permanecer ante aquello que todavía no comprendemos. La pregunta es sugerente: ¿cuándo la IA abre nuevas puertas al texto y cuándo las atraviesa por nosotros?
  3. Buscar, seleccionar y jerarquizar información. Tener acceso a miles de fuentes no equivale a saber investigar. Necesitamos aprender a decidir qué merece nuestra atención, qué fuente posee autoridad y cuándo la evidencia disponible es suficiente.
  4. Contrastar y verificar evidencia. Una respuesta plausible no necesariamente es verdadera. Aprender implica verificar procedencias, comparar fuentes, reconocer contradicciones y modificar nuestras conclusiones cuando la evidencia así lo exige.
  5. Construir argumentos propios. La IA puede producir argumentos convincentes en segundos. Pero recibir un argumento no equivale a haber aprendido a argumentar. Necesitamos ser capaces de reconocer y defender el razonamiento que sostenemos, incluso cuando escribimos con ayuda tecnológica.
  6. Equivocarnos, revisar y corregirnos. El error no es valioso por sí mismo. Se vuelve formativo cuando podemos reconocerlo, comprender por qué ocurrió y reconstruir nuestro razonamiento. Corregir más rápido no siempre significa aprender mejor.
  7. Contextualizar. Una respuesta puede ser técnicamente correcta y, sin embargo, resultar profundamente inadecuada si ignora las circunstancias, las personas, la historia o la cultura en la que debe aplicarse.
  8. Construir una interpretación propia. Interpretar significa observar, escuchar, relacionar, imaginar y construir significado. La inteligencia artificial puede ser interlocutora, contraste y provocación, pero necesitamos preguntarnos cuándo comienza a ocupar el lugar de nuestra propia experiencia interpretativa.
  9. Deliberar y decidir. Hay decisiones en las que más información no elimina la incertidumbre. Debemos aprender a ponderar alternativas, consecuencias, valores y responsabilidades. La IA puede ampliar nuestra deliberación; ampliar la deliberación no equivale a transferir la decisión.
  10. Sostener y fundamentar el propio juicio. Este proceso articula todos los anteriores. Al final, un estudiante debería poder decir: esta es la posición que sostengo, estas son las razones que la fundamentan y puedo explicar por qué llegué a ella.

 

En el Tecnológico de Monterrey, esta perspectiva forma parte de una visión educativa que busca incorporar la innovación sin perder de vista la formación integral de las personas. Esto implica que docentes, familias e instituciones desarrollen criterios para decidir cuándo una herramienta puede enriquecer una experiencia de aprendizaje y cuándo es necesario preservar espacios para leer, explorar, equivocarse, argumentar o decidir por cuenta propia.

 

Por ello, estos diez procesos no significan que se deba aprender a vivir sin tecnología.

Cada disciplina construye conocimiento de manera particular; cada etapa formativa tiene necesidades específicas y cada persona puede requerir mediaciones acordes con su proceso de aprendizaje.

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