IA con propósito de negocio, CONTPAQi ayuda a genera valor real

IA con propósito de negocio, CONTPAQi ayuda a genera valor real. La inteligencia artificial ya es parte de la conversación cotidiana en las empresas mexicanas. Se usa para redactar documentos, consultar información, analizar datos o automatizar tareas. Sin embargo, CONTPAQi afirma que su verdadero potencial solo se libera cuando se integra a procesos reales del negocio, trabaja con información confiable y mantiene siempre criterio humano de por medio.

 

De acuerdo con el estudio The State of AI in 2025: Agents, Innovation, and Transformation, de McKinsey, 88% de las organizaciones ya utiliza IA de manera regular en al menos una función empresarial, y 62% experimenta con agentes capaces de planear y ejecutar tareas dentro de sus flujos de trabajo.

 

Los datos reflejan una adopción cada vez más amplia, pero también marcan el inicio de una nueva etapa: pasar de un uso básico a una integración más profunda con la operación diaria.

 

El fenómeno de la “IA superficial”

 

Para Óscar López, gerente de Innovación de CONTPAQi, México vive actualmente una fase de entusiasmo generalizado alrededor de la inteligencia artificial. En prácticamente todos los sectores productivos hay empresas y profesionistas que aseguran ya utilizarla en su día a día. Sin embargo, López advierte que existe una brecha importante entre usar un chatbot y construir una verdadera estrategia basada en IA.

 

El especialista recurre a la imagen de un iceberg para explicarlo: lo visible es el uso de herramientas conversacionales para redactar textos, generar reportes o construir hojas de cálculo. Debajo de la superficie, en cambio, existe un universo mucho más amplio —modelos especializados, automatización inteligente de procesos, motores de inferencia y sistemas cerrados alimentados solo con información corporativa confiable— que la mayoría de los usuarios empresariales aún no explora.

 

En áreas como contabilidad, administración y nómina ya se observan beneficios derivados de automatizar tareas repetitivas con asistentes de IA. El problema, señala López, es que esa adopción suele darse sin una comprensión profunda de la protección de datos, los riesgos de exponer información sensible o los límites técnicos de los modelos.

 

El verdadero obstáculo: la calidad de los datos

 

Tanto López como la visión institucional de CONTPAQi coinciden en un punto central: el valor de la IA depende directamente de la calidad de la información con la que trabaja cada empresa. Procesos como facturación, contabilidad, nómina, gestión comercial y cumplimiento fiscal generan datos clave para entender la operación; cuando esa información está ordenada y disponible, la tecnología puede analizar, comparar, automatizar y ayudar a decidir con mayor claridad.

 

El problema, explica López, es que muchas empresas mexicanas operan con repositorios de información desconectados entre sí: datos duplicados, versiones contradictorias de documentos y poca gobernanza sobre los activos digitales. En ese contexto, la IA no corrige por sí sola las deficiencias organizacionales; al contrario, puede amplificarlas. Si una organización alimenta sus plataformas con datos incompletos o incorrectos, las conclusiones y automatizaciones que obtenga tendrán ese mismo nivel de inconsistencia.

 

“Usar IA va más allá de escribir mejores instrucciones. El salto ocurre cuando la empresa entiende qué plataformas usa, qué datos son relevantes, qué decisiones quiere mejorar y cómo necesita ver el resultado: en un reporte, un tablero, una alerta o una automatización. Ahí la tecnología empieza a trabajar con propósito de negocio”, señala López.

 

El reto del retorno de inversión

 

El mercado también cuestiona cada vez más la rentabilidad de los proyectos de IA. Una parte significativa de las organizaciones todavía no obtiene beneficios claros tras invertir en estas soluciones, lo que podría derivar en una etapa de desencanto similar a la vivida con otras olas tecnológicas. Para López, la explicación es simple: muchas implementaciones se hacen sin estrategia clara, sin procesos bien definidos y sin estructuras de información confiables.

 

A esto se suma un factor financiero que las empresas apenas comienzan a dimensionar: el costo del consumo de los modelos, medido en tokens o unidades de procesamiento. López anticipa que las organizaciones necesitarán nuevos perfiles profesionales dedicados a analizar y optimizar ese consumo, de forma similar a como hoy existen especialistas en seguridad informática o infraestructura tecnológica.

 

Automatizar sí, delegar decisiones no

 

Uno de los planteamientos más relevantes de López es la diferencia entre automatización e inferencia. Automatizar procesos repetitivos es, hoy por hoy, una de las aplicaciones más seguras y rentables de la IA. Pero delegar por completo decisiones críticas —en finanzas, planeación estratégica o proyecciones de negocio— le parece prematuro. Su recomendación es usar la IA como herramienta de apoyo, no como sustituto del criterio profesional, ya que los modelos aún tienen márgenes de error y tienden a generar respuestas convincentes incluso cuando no cuentan con información suficiente para sustentarlas.

 

“La IA funciona mejor cuando trabaja como parte del equipo: recibe información ordenada, cruza datos, encuentra patrones y entrega señales que una persona puede interpretar. La tecnología puede acelerar el análisis; el criterio humano le da dirección, prioridad y sentido de negocio”, agrega López.

 

Seguridad, el otro gran desafío

 

La seguridad es otro de los temas sensibles en esta etapa de adopción. López advierte que muchos usuarios comparten información financiera, balances contables y documentos estratégicos en plataformas abiertas sin entender del todo las implicaciones de esa práctica. Por ello, la estrategia de CONTPAQi se centra en modelos cerrados de procesamiento, donde los datos permanecen en entornos controlados y con altos estándares de protección, apoyada en su experiencia previa como proveedor tecnológico para procesos fiscales y contables.

 

A la par, crece el uso de IA por parte de organismos gubernamentales para la fiscalización. Según López, la combinación de grandes volúmenes de datos con capacidades analíticas avanzadas permite hoy identificar patrones e inconsistencias con una velocidad impensable hace apenas una década, lo que obligará a empresas y contribuyentes a mantener mayor consistencia documental y control sobre sus operaciones.

 

Hacia el “internet sin clics”

 

López también observa una tendencia de fondo: la evolución hacia interfaces basadas en lenguaje natural, un concepto que algunos especialistas llaman “internet sin clics”. En ese escenario, los usuarios harían solicitudes conversacionales —pedir una factura, consultar indicadores financieros, generar un reporte— y los sistemas ejecutarían las acciones necesarias en segundo plano, sin necesidad de navegar menús o pantallas tradicionales.

 

El futuro de contadores y administradores

 

La automatización afectará primero a las tareas operativas y de captura, no solo en contabilidad sino también en marketing, administración y recursos humanos. Lejos de desaparecer, López considera que los profesionales evolucionarán hacia funciones de mayor valor: interpretar datos, generar escenarios y participar activamente en decisiones estratégicas. Quienes adopten estas capacidades de forma temprana, afirma, obtendrán una ventaja competitiva relevante.

 

Conclusión: una tecnología que exige madurez

 

Para López, el mercado mexicano apenas transita las primeras etapas de una transformación mucho más profunda. La IA ya genera beneficios tangibles en automatización y productividad, pero su verdadero valor llegará cuando las empresas integren datos confiables, procesos estructurados y capacidades avanzadas de análisis dentro de ecosistemas seguros.

 

La recomendación, tanto de López como de la visión de CONTPAQi, es clara: dejar de ver la IA únicamente como un chatbot de consulta y empezar a entenderla como una plataforma estratégica de transformación empresarial. El reto ya no es usar inteligencia artificial, sino aprender a usarla correctamente: quienes logren ordenar sus datos, fortalecer su gobierno de información y construir procesos sólidos estarán en mejores condiciones de convertir la IA en una ventaja competitiva real, medible y sostenible.

 

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