Sobre los piratas

 

En la primera década de los 2000, la piratería ya no se encontraba sólo en la copia multiplicada de programas y sistemas operativos de cómputo, sino que ya abarcaba la descarga de música desde diversas fuentes, así como un incipiente mercado de descargas de películas y libros en formato digital. El mercado de las copias sin pago de copyright se ampliaba.

Una de las estrategias que se siguieron en ese periodo y que probablemente tenía la venia del Gobierno Federal, fue el del terrorismo. En una serie de mensajes, primero de tono altamente agresivo, se pasó a la acción y detención de vendedores y usuarios de versiones piratas de los productos en el mercado, principalmente de Microsoft.

En un principio la BSA Business Software Alliance, por sus siglas en inglés), envió miles de cartas amenazando a los destinatarios con multarlos si en un periodo de 30 días no regularizaban la situación legal del software instalado en sus equipos. Con “sorpresa” se elevaban entonces sus ventas. Por lo que se volvió el argumento al que se recurría cada vez que era necesario cumplir la cuota. Hasta que a alguien dentro de Microsoft se le ocurrió la brillante idea de ceder a la tentación de dar el siguiente paso: el uso del miedo como argumento de obligar a que todos usaran software registrado, y ahí se perdió la cordura.

Pero si la empresa pensó que no habría consecuencias, estaba totalmente equivocada. En principio, un buen número de ensambladores OEM comenzaron a instalar opciones de Linux en sus equipos. En algunas locaciones, como la Plaza de la Computación de la Ciudad de México no sólo bajaron considerablemente las ventas del software de Microsoft, sino que existía una abierta y provocadora actitud hostil de los locatarios en contra de cualquiera que se atreviera a portar el logotipo de las ventanas.

Nos dice Ruperto Solano “Nos gritaban ¡fuera de aquí!, que estábamos vendidos, desertores o nos veían como policías, porque íbamos a querer regular, cuando no era el foco. Fue una situación de varios años de tensión. Hasta temíamos agresiones de los vendedores callejeros que se ubicaban en las esquinas de Eje Central y Uruguay. Así que teníamos que entrar disfrazados a la plaza”[i].

Los involucrados en el tema de la piratería hablaban de enormes riquezas perdidas, de inversiones multimillonarias que daba espanto leer las cifras. Pero al final del día uno se preguntaba ¿no sería mejor utilizar ese dinero en generar una cultura y educar al usuario y al vendedor? ¿No sería más rentable el aprovechar ese dinero y bajar el precio al SO, como hizo en China con Windows y Office, ofreciendo esos productos a ¡tres dólares![ii], en su versión para estudiantes? No, lo que querían era seguir exprimiendo a la vaca hasta la última gota de leche.

Cantarell Martínez, Aquiles, Historia de la Computación en México, la era del Internet, Exabyte Comunicaciones, México, 2017.

 

[i] Entrevista con Ruperto Solano, 09-VII-2015.

[ii] Las guerras digitales, Charles Arthur, p. 238.

 

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