Microsoft: cuatro décadas de escándalos

Cortesía de Viral Bug. Por Ulises Ladislao

 

La Auditoría Superior de la Federación sigue revisando la administración del ministro Luis María Aguilar, Presidente de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación (SCJN) en el periodo 2015-2018, principalmente información de la gestión financiera de 2018, justamente el último año en que el magistrado encabezó el máximo tribunal de justicia del país y al Consejo de la Judicatura Federal, y de la que han resultado dos recomendaciones que ha sido necesario atender.

 

Raúl Rodríguez Cortés, en su columna “El ministro Aguilar bajo la lupa”, publicada en el periódico El Universal el 3 de julio pasado, reveló que la Contraloría Interna de la institución ha hallado varias irregularidades con respecto a los gastos reportados por la Corte, entre ellas,la de 3 mil 768 bienes muebles sin número de identificación en los inventarios, con valor de un mil 30 millones de pesos; la conciliación con “Acciona Infraestructura”, que reclama el pago de 121 millones de pesos por el proyecto de un edificio; y el incumplimiento de sus obligaciones de acceso a la información de la publicación en Internet de 350 contratos, que comprenden tres años de la Presidencia de Luis María Aguilar.

 

Pero eso no es todo. También se detectó un adeudo de 1.9 millones que la SCJN tiene con Hewlett Packard Inc. México. No obstante lo que más llama la atención es la información de Rodríguez con respecto a la contratación de licencias de software de Microsoft por un monto de 6.5 millones de pesos que eran absolutamente innecesarias, tan es así que nadie, en ningún departamento de la Corte, las ha utilizado. No es la primera vez que Microsoft mete las narices en las altas esferas de la política mexicana.

 

A conquistar el mundo

Esto no es novedad, Bill Gates y su Estado Mayor recurrieron a todo tipo de prácticas para allanarse mercados y tumbar a costa de billetazos a sus competidores y productos rivales, incluso algunas que han sido consideradas ilegales y antiéticas.

 

No por casualidad, Microsoft enfrentó una escandalosa demanda en la Corte del Distrito de Columbia de la Unión Americana, en el ya lejano 1998, tiempos en los que era fácil imaginar a Gates levantarse de la cama y, a la pregunta de Steve Balmer de qué vamos hacer hoy, Bill, contestarle, lo de siempre, Stevie: conquistar el mundo.

 

Pero los afanes del presidente de la empresa de las ventanas se fueron diluyendo como ocurre con todo imperio, no sólo porque lo atraparon robándose el home con las acusaciones antimonopolio que le formuló el Departamento de Justicia de EE. UU., y 21 estados de la Unión, sino porque no vio venir el formidable tiro desde el jardín central de una bola de humo llamada Internet, a la que llego tarde y sin oportunidad con el pisa y corre, como sí había sido posible en los viejos tiempos.

 

Si pocos años antes le había dado resultado su estrategia de demoler el liderazgo de WordPerfect, incorporando de fábrica el Office en las computadoras personales de los principales constructores de PC, hacia el año referido no fue bien recibido ni por empresas ni por consumidores obligarlos a utilizar forzosamente Internet Explorer, aprovechando ventajosamente su dominio en el rubro de los sistemas operativos para orillar a socios y clientes a aceptar sus otros productos, dejándolos sin opciones ni elección posible.

 

Jaló tanto la liga que estuvo a punto de romperla y provocar que la gran corporación se dividiera en dos, como había resuelto el juez Thomas Penfield Jackson. Cuando Microsoft salió de las catacumbas de los tribunales, 13 años después, a ver la luz del día, se encontró que el mundo no era el mismo y mucho menos estaba a sus pies, la sentencia más dolorosa y apabullante que la del juez Jackson la postuló un vocero del Departamento de Justicia: “Microsoft ya no domina la industria de PC como lo hacía cuando la denuncia fue presentada en 1998.

 

Casi todo el espectro del middleware, desde los navegadores Web hasta los reproductores multimedia y el software de mensajería instantánea, es mucho más competitivo hoy que cuando la sentencia final fue presentada. La resolución antimonopolio protegió el futuro desarrollo y distribución de las soluciones de middleware, incluyendo los dispositivos de cloud computing y móviles, y permitió que los consumidores tuvieran mayores alternativas.”

 

Microsoft, favorito de Fox

Las prácticas monopólicas del gigante del software cubrieron todos los mercados y no sólo fue privativo del estadounidense. Más tarde las autoridades antimonopolio de la Unión Europea también abrieron investigaciones contra Microsoft, para dilucidar si la empresa de Bill Gates vinculó su navegador a Windows bloqueando a empresas rivales, de lo que derivó una cuantiosa multa de varios cientos millones de euros.

 

En países como México estas prácticas permanecen omisas para las autoridades encargadas de vigilarlas y poner en orden a las empresas monopólicas. Virtualmente, para estas es el éxito es cosa tan sólo de coser y cantar. Más aún, los gobiernos suelen suavizar bastante sus reticencias a través de cuantiosos moches y “donativos” que aceitan la casi siempre paquidérmica maquinaria gubernamental.

 

Entrada ya la década de 2000, IDC apuntaba que el software libre Linux representaba el sistema operativo de más rápido crecimiento, con un 28% de adopción. Pero lo más interesante era el pronóstico de que muy pronto, hacia 2004, alcanzaría un 38% del mercado, para convertirse en el principal sistema operativo en el ambiente de servidor. Por otro lado, el gobierno de la alternancia encabezado por Vicente Fox había lanzado al país la iniciativa e-México, para incorporar a empresas y pobladores a las nuevas tecnologías de la información.

 

Para el periodista Aquiles Cantarell, autor de la Historia de la Computación en México, para entonces el país se encontraba ante una disyuntiva clave: construir la plataforma e-México con las herramientas que proporcionaba el software libre o “creer en las promesas mercadotécnicas del software comercial, definitivamente no desarrollado para las necesidades del país, llevándonos como consumidores y hasta como desarrolladores de aplicaciones que corrían en sus tecnologías, hacia un callejón sin salida llamado dependencia tecnológica”, como anota en el Tomo 5, Capítulo 4, Software. El Reino de lo intangible, Libre no es gratis.

 

En mayo de 2002, el analista Graham Gori del New York Times publicó un artículo titulado “México protege a Microsoft”, donde revelaba que esta compañía había realizado un intenso y exitoso trabajo de cabildeo, con lo cual había logrado el apoyo de la administración foxista y amigos incrustados en la estructura de asesores en tecnología.

 

El analista, desconocedor de la reglas del régimen neoliberal, no acertaba a entender la falta de apoyo de Fox hacia quienes desarrollaban software libre y su marcada preferencia por empresas internacionales multimillonarias. Un prominente genio mexicano de estas artes llamado Miguel de Icaza, al enterarse del proyecto e-México, se acercó a Fox para proponerle que con los millones de dólares que el gobierno ahorraría con licencias y actualizaciones libres, se podría desplegar una generación de programadores para aprovechar la oportunidad única de crear una industria mexicana de software. La respuesta de Fox fue –narra Cantarell: “Gracias, pero eso es exactamente lo que estamos haciendo con Microsoft”.

 

Lo que no podían saber De Icaza y mucho menos Gori, era que la negativa a tal oportunidad histórica se hallaba justamente en la otra mitad de la media naranja de Fox: la Fundación Vamos México, organización dirigida por su esposa, Martha Sahagún.

 

Durante una entrevista con la revista Proceso aparecida en mayo de 2003, bajo título “Vamos México, sin control”, la especialista Sara Murúa, autora del libro “Asistencia privada, caridad o derecho”, muy probablemente develó el misterio. A pesar de que llevaba meses tratando de saber cuánto dinero habría recaudado Vamos México, pues la Primera Dama no estaba rindiendo cuentas claras y parecía ser más bien la cabeza del “gran negocio” del sexenio, descubrió algunos interesantes datos: “Aparte de ese apoyo gubernamental –declaró Murúa a la revista–, hay que tomar en cuenta las ayudas que recibe de empresas de todo tipo: los 150 millones de pesos que le donó Teléfonos de México; los autobuses que le dio Estrella Blanca; los apoyos de Microsoft, de Televisa, de Televisión Azteca, y los aportes millonarios de muchos empresarios…”

 

Aun hoy, muchos años después, no se sabe a ciencia cierta quienes son los donadores del binomio Fox-Sahagún. En el artículo firmado por Linaloe R. Flores en SinEmbargo, “Vicente Fox y Calderón reciben millones de pesos en donaciones anónimas”, se asienta que tan sólo en 2016 el flujo de dinero para la agrupación de Fox fue de 23 millones 516 mil pesos. El 21 de mayo de 2017 –narró la periodista Flores–, ante cientos de jóvenes, el ex Presidente afirmó que él y su cónyuge habían recibido más de 500 millones de pesos.

 

“No somos ricos –apuntó en su reportaje que expuso Fox– ni se vaya a pensar que esto que ven ustedes aquí, todo este edificio, es producto de la Presidencia de la República, no nos clavamos un solo centavo. Todo lo que ven aquí, y ya son más de 25 millones de dólares, arriba de 500 millones de pesos que se han invertido en las tres fundaciones”, admitió el ex presidente. Y como asegura Murúa, con la generosa contribución de Microsoft.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *